Vamos juntos...

sábado, 19 de junio de 2010

Atento consejo

Disculpe: todos los días son para festejar tomando en cuenta que se está vivo.
Después se arrepentirá de no haberlo hecho antes, pero para entonces será demasiado tarde.
Esperaré en la esquina de la cuadra. Nos vemos en treinta años.
Que tenga una buena noche.

Atentamente: la muerte.

©Tania Manriquez

miércoles, 19 de mayo de 2010

Cuenta regresiva

Son quinientas cuatro horas en espera; muchas más que las que mis momentos de insomnio me permiten soportar.
No existe una necesidad real de escribir, pero con algo tengo que calmar la enorme ansiedad que llevo dentro.
Son palabras suficientes: quinientas cuatro, veintiún, tres.
Llevo la cuenta regresiva de los segundos, ¿qué tan puntual serás esta vez?
Menos cuarenta y ocho horas y contando... espero paciente tu llegada.
No hay suficientes palabras para escribir lo que llevo dentro, nunca lo serán.
Es poco tiempo.
Quinientas cuatro, veintiún... tres.

©Tania Manriquez

lunes, 10 de mayo de 2010

Impaciencia en el corazón

Amor animi arbitrio sumitur non ponitur
Publio Sirio
Sueño contigo y despierto alterada. Los nervios comienzan a hacer sus estragos y me impiden conciliar el sueño nuevamente. ¿Llegarás esta vez?
Espero pacientemente una, dos horas.
Dudo. No apareces... Empiezo a sentir decepción de ti, de mi, los dos juntos, por separado...
Apareces de repente, sonríes y te disculpas, yo te perdono.
Invades el pensamiento, mi corazón, el alma por completo.
¿Cambiamos el lugar? por supuesto.
El sol nos invade, atraemos sus rayos de manera inevitable. Continuamos nuestra plática, amenos ambos, liberados, felices; nosotros mismos.
Te siento cada vez más cerca, intuyo tus intenciones y río.
Las palabras se funden con el silencio y crean un momento de infinita y belleza pura, te acercas lentamente... todo ocurre en segundos que asemejan horas, sonreímos.
¿Quieres otra cerveza? clara, por favor.
¿Quién lo diría? No me lo esperaba... pero agradezco tu paciencia. ¿Paciencia? paciencia y curiosidad, tenía ganas de verte.
Millones de palabras en una tarde; una tarde en una sola palabra. Felicidad en dos personas.
¿Qué se siente ser deseada? Eso depende: si eres deseada por alguien a quien también deseas es bueno, si no, es una sensación bastante desagradable.
Ojos curiosos y manos inquietas,
Posponemos la visita planeada para aquella tarde. Exactamente veintiún días, tres semanas resulta ser demasiado tiempo.
Si se aparece Sofia Coppola no prometo nada...
Ojos expresivos, brillantes. Mirada seductora, manos curiosas, labios dulces; palabras exactas, tarde perfecta... tú.
Francia espera... tres semanas resultan eternas.
Aquí te espero.
©Tania Manriquez

sábado, 3 de abril de 2010

Añoranza

La luna me confirma lo que hace rato venía presintiendo: es tarde.
Miro cómo el reloj marca el sonido del tiempo: tic-tac uno, tic-tac dos, tic-tac tres, tic-tac cuatro...
Es tarde y los recuerdos acuden a mi memoria, revolotean, me provocan, me llaman; unos se estrellan, se incrustan, otros se empolvan y carcomidos... se olvidan.
Me pongo a pensar en cómo eran las cosas antes de que todo esto comenzara. No eran muy diferentes, pero tenía menos que extrañar, cuestionaba menos y la incertidumbre de si volverías o no simplemente no existía.
Sollozo en silencio al pensar que dejé pasar muchos buenos momentos; me consuelo con una sola frase: "esto también pasará".
Tic-tac cinco, tic-tac seis... Los granitos de arena caen lentamente, como si ellos entendieran que necesito aprovechar todo el tiempo que hay en una hora.
Caen en silencio: saben comprender el dolor ajeno.
Escucho atentamente los sonidos que provienen de todos lados, una sola batuta al ritmo de cuatro tiempos y un compás.
Cierro los ojos para imaginar que de todo lo sucedido nada fue cierto; la cabeza comienza a adolecer, hay saturación de recuerdos.
Soplo velas, echo lave, cierro puertas; no quiero que me vean llorar.
Tic-tac siete, tic-tac ocho, empieza el final de los tiempos.
Tic tac nueve, entiendo: la añoranza sólo se presenta de noche, cuando los búhos ululan, los sueños cobran vida y yo tengo la oportunidad de pretender que nada de esto está pasando.
Tic-tac diez: es tarde, hora de despertar...

©Tania Manriquez

lunes, 15 de febrero de 2010

Suspensión en el espacio

A veces a mi también me da miedo afirmar las cosas
porque sé que de entre todas ellas
está esta: no regresarás jamás.
Adiós no.
Hola
¿Me conoces? ¿Te conoces tú?
Así es.
El día que me veas caminar por el mar, salúdame como si me conocieras.
¿Hola qué tal?
Hola muy mal
¿Nos conocemos? ¿Quién?
¡Ah, dios!
¿Mal?
Yo también
Bien...

©Tania Manriquez

lunes, 1 de febrero de 2010

Inventario


¿Qué es lo que se esconde detrás de la puerta roja?
Lágrimas derramadas, miles de silencios, palabras en inútil estado de putrefacción, cartas viejas de a montón, una botella de vino tinto que me habría gustado compartir contigo y cien velas con los más deliciosos y exóticos aromas.
Una ventana en dirección a los cuatro puntos cardinales, por si algún día vuelves; un sueño que nunca terminó de asentarse por completo, el reloj que se empeña en marcar la hora del momento exacto en el que te marchaste y la misma mentira de siempre: "ya no te extraño"...

©Tania Manriquez

sábado, 30 de enero de 2010

Círculo

Ayer jugaba el mundo como un gato en tu falda;
hoy te lame las finas botitas de paloma;
tienes el corazón poblado de cigarras,
y un parecido a muertas vihuelas desveladas,
gran melancólica.

Posiblemente quepa todo el mar en tus ojos
y quepa todo el sol en tu actitud de acuario;
como un perro amarillo te siguen los otoños,
y, ceñida de dioses fluviales y astronómicos,
eres la eternidad en la gota de espanto.

Tu ilusión se parece a una ciudad antigua,
a las caobas llenas de aroma entristecido,
a las piedras eternas ya las niñas heridas;
un pájaro de agosto se ahoga en tus pupilas,
y, como un traje obscuro, se te cae el delirio.

Seria como una espada, tienes la gran dulzura
de los viejos y tiernos sonetos del crepúsculo;
tu dignidad pueril arde como las frutas;
tus cantos se parecen a una gran jarra obscura
que se volcase arriba del ideal del mundo.

Tal como las semillas, te desgarraste en hijos,
y, lo mismo que un sueño que se multiplicara,
la carne dolorosa se te llenó de niños;
mujercita de invierno, nublada de suspiros,
la tristeza del sexo te muerde la palabra.

Todo el siglo te envuelve como una echarpe de oro;
y, desde la verdad lluviosa de mi enigma,
entonas la tonada de los últimos novios;
tu arrobamiento errante canta en los matrimonios,
cual una alondra de humo, con las alas ardidas.

Enterrada en los cubos sellados de la angustia,
como Dios en la negra botella de los cielos,
nieta de hombres, nacida en pueblos de locura,
a tu gran flor herida la acuestas en mi angustia,
debajo de mis sienes aradas de silencio.

Asocio tu figura a las hembras hebreas,
y te veo, mordida de aceites y ciudades,
escribir la amargura de las tierras morenas
en la táctica azul de la gran danza horrenda
con la cuchilla rosa del pie inabordable.

Niña de las historias melancólicas, niña,
niña de las novelas, niña de las tonadas,
tienes un gesto inmóvil de estampa de provincia
en el agua de asombro de la cara perdida
y en los serios cabellos goteados de dramas.

Estás sobre mi vida de piedra y hierro ardiente,
como la eternidad encima de los muertos,
recuerdo que viniste y has existido siempre,
mujer, mi mujer mía, conjunto de mujeres,
toda la especie humana se lamenta en tus huesos.

Llenas la tierra entera, como un viento rodante,
y tus cabellos huelen a tonada oceánica;
naranjo de los pueblos terrosos y joviales,
tienes la soledad llena de soledades,
y tu corazón tiene la forma de una lágrima.

Semejante a un rebaño de nubes, arrastrando
la cola inmensa y turbia de lo desconocido
tu alma enorme rebasa tus hechos y tus cantos,
y es lo mismo que un viento terrible y milenario
encadenado a una matita de suspiros.

Te pareces a esas cántaras populares,
tan graciosas y tan modestas de costumbres;
tu aristocracia inmóvil huele a yuyos rurales,
muchacha del país, florida de velámenes,
y la greda morena, triste de aves azules.

Derivas de mineros y de conquistadores,
ancha y violenta gente llevó tu sangre extraña,
y tu abuelo, Domingo Sánderson fue un HOMBRE;
yo los miro y los veo cruzando el horizonte
con tu actitud futura encima de la espalda.

Eres la permanencia de las cosas profundas
y la amada geografía llenando el Occidente;
tus labios y tus pechos son un panal de angustia,
y tu vientre maduro es un racimo de uvas
colgado del parrón colosal de la muerte.

Ay, amiga, mi amiga, tan amiga mi amiga,
cariñosa, lo mismo que el pan del hombre pobre;
naciste tú llorando y sollozó la vida;
yo te comparo a una cadena de fatigas
hecha para amarrar estrellas en desorden.

Zig-Zag 1925

Pablo de Rokha